Escuché de tus costumbres
oí hablar de tus enojos
y tu arrogancia no encubre
la fragilidad de tus ojos.
Vi que hieres
vi que atacas
vi que al mismo que quieres
maltratas.
De palabras duras
de finjida aspereza
de actitud ruda
armas tu defenza.
Y tenés razón
en desarrollar espinas
es que tu suave corazón
no quiere más heridas.
Para terminar este poema quiero ponerle una estrofa entre la tercera y cuarta.
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